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LA IMPORTANCIA DE PERDONAR

LA IMPORTANCIA DE PERDONAR

Por: Carlos Velásquez

Sin importar cual sea el tema a considerar, la Biblia declara que la causa principal por la cual las personas están esclavizadas y aun perecen es por falta de conocimiento. En este caso lo vamos a ver ejemplificado con el tema del PERDÓN. Muchas personas piensan que perdonar es solamente una muestra de favor o beneficio para la persona que se perdona, pero la realidad es otra.

Cada vez que Dios nos ordena hacer algo hay una razón de beneficio para nosotros; desde luego también hay un enemigo interesado en todo lo contrario, hacernos daño. El aspecto de desventaja para nosotros es el ignorar los caminos de Dios; es decir, encontrarnos en la condición que se encontró el pueblo de Israel en el desierto.

Estaban liberados de la esclavitud de Egipto y liberados de Faraón y su ejército; sin embargo, por su falta de responsabilidad personal, la cual debía de evidenciarse una vez que ya no eran esclavos, en lugar de agradecer la libertad que Dios les había dado sin que la merecieran, empezaron a ver y a enfocarse en las obras de Dios, las cuales obviamente fueron hechas para beneficio de ellos y descuidaron de aprender los caminos de Dios.

Como Dios no da explicaciones sino que demanda obediencia por el solo hecho de que Él es Dios, de que Sus obras a favor nuestro son abrumadora evidencia de que no nos ha tratado conforme a nuestras iniquidades, sino que por Su gracia y Su amor ha tenido misericordia de nosotros y como lo dice Pablo en Romanos 8:32 “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” PERO por no aceptar responsabilidad personal sino que por seguir pensando egoístamente, una dirección de Dios se resiente y se cuestiona cuando va en contra de esa actitud egoísta. Allí es donde entra a trabajar el enemigo y a alimentar esa actitud egoísta justificando su descontento y sugiriendo que estaban mejor en Egipto.

Bueno, ya conocemos el final de la historia, ninguno de los adultos que salieron libres de Egipto, que ya no tenían ningún Faraón ni su ejército detrás de ellos, ninguno entró a la tierra prometida sino que todos murieron en el desierto vencidos por su propio egoísmo.

La actitud de la mayoría de evangélicos hoy en día es semejante. Ya fueron librados de la potestad de las tinieblas pero siguen esclavos de su egoísmo; no conocen los caminos de Dios porque solo se enfocan en las señales y prodigios a favor de ellos; casi que toman una actitud de que Dios y el Espíritu santo viven para servirles y cuando Dios da una dirección clara y especifica: ¡perdona!, como eso va en contra de su egocentrismo, lo cuestionan. Entra el enemigo con su habilidad de distorsionar las escrituras y les ayuda a razonar que no es justo perdonar a quienes le han ofendido y causado tanto dañó, les susurra que Dios que es Justo sabe que ellos no tienen la culpa y que el mandato de perdonar no es necesariamente un mandato o que al menos no se aplica en “esa situación especial” en que ellos están.

¿Cuál va a ser el final de la historia? ¡Exactamente el mismo que con todos los que no entraron a la tierra prometida! Pues ya está escrito. “pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”

Espero haber despertado un poco su interés sobre el tema del perdón, si le parece que la puse muy dura, se equivoca, es mucho más duro de lo que pensamos. Sin embargo, si usted prestó atención a la declaración “Cada vez que Dios nos ordena hacer algo hay una razón de beneficio para nosotros” en lugar de argumentar si lo dicho después es muy duro o no, lo que debemos hacer es reconocer esa verdad del amor y la gracia de Dios; y aún sin entender cuál es el beneficio, lo que es más, aunque no hubiera beneficio, deberíamos volvernos al Señor y pedirle la gracia para obedecerle, no para argumentar o tratar de justificar nuestro egoísmo.

Permítame plantear el tema repitiendo que es debido a nuestra ignorancia de la verdad Bíblica y a nuestra naturaleza egocéntrica, que suponemos que perdonar a alguien que nos ofende es sufrir nosotros el oprobio, el dolor, el agravio etc. y que esa persona salga libre de consecuencias.

Aunque eso de sufrir el agravio es parte de la verdad, es la más pequeña. Por el otro lado, como expresado ayer, el perdón a quien más beneficia es a quien lo extiende. Consideremos a manera de ejemplo el caso de personas heridas, ofendidas, abusadas en su niñez, que cuando crecen y quieren salir adelante en la vida, se encuentran que sin que ni para que, aparentemente, las cosas les salen mal; tratan de examinar sus actos, sus decisiones, etc. pero en contexto con su situación presente buscando la causa, mas por ignorar el elemento de la falta de perdón, del cual hasta pudiera ser que ya lo olvidaron, o por lo menos por ser un evento de tanto tiempo atrás, no lo toman en consideración.

Recuerdo que varios años atrás, viviendo aún en USA, vine a ministrar a Guatemala sobre el tema de la falta de perdón como causa mayor para no recibir sanidad. En la iglesia que ministré había una mujer fiel, consagrada, pero que estaba quedando paralizada poco a poco. Aparte de las consultas médicas, en esa iglesia practicaban el orar por los enfermos y la liberación de demonios; todo lo cual ya habían tratado con ella y no había ninguna mejora. Cuando escuchó la plática sobre la falta de perdón, el Espíritu Santo trajo a su memoria el rencor que le había guardado a su ex esposo por haberla traicionado y abandonado; ahora que estaba sirviendo fielmente en su iglesia, ni siquiera tomaba en cuenta ese elemento de falta de perdón como algo que tuviera que ver con su estado. Ella decidió que debía hablar con su ex esposo, a quien además de rencor le tenía miedo, por lo que pidió oración para que Dios le diese la gracia de dar los pasos debidos. Yo regresé a USA y no supe más del asunto; un año después que regresé otra vez a esa iglesia, la hermana estaba totalmente sana y me contó como al hablar con el ex esposo, perdonarlo por el mal causado y pedirle perdón por sus sentimientos, empezó a sentir nueva fuerza y vigor y en pocos días estaba sana.

Lo acontecido a la hermana de la ilustración es básicamente lo que menciona David en el Salmo 32:1-3 “¡Cuan bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto! ¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño! Mientras callé {mi pecado}, mi cuerpo se consumió (se envejecieron mis huesos) con mi gemir durante todo el día”.

La falta del perdón produce el mismo resultado que la falta de confesión de pecado, porque en realidad quien no perdona está pecando contra Dios y contra sí mismo. La sangre es la vida de la carne y los huesos, por así decirlo, son la fábrica de la sangre; Consecuentemente, al decir el salmista que sus huesos se envejecen, implica que no están produciendo la sangre y de esa manera la falta del perdón va acabando la vida.

Por otro lado, Pablo advierte a Timoteo en 1 Timoteo 1:19 que por descuidar la conciencia, la fe naufraga. “manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos”. Note cuan tremenda es esa declaración. No dice que descuidaron la fe; son personas que desde su perspectiva seguían creyendo, seguían creciendo en conocimiento de la verdad; pero eso, en lugar de ayudarles les fue contado como mayor problema porque a mayor conocimiento, mayor responsabilidad; ellos descuidaron su conciencia, descuidaron ponerse a cuentas y consecuentemente naufragaron aún en cuanto a su fe.

Analice detenidamente esa declaración porque es muy clara; de nada le sirve tener fe para sanar, para creer que se hará lo que cree y ser usado grandemente de alguna manera en las cosas de Dios, si está rehusando obedecer la clara dirección de perdonar; poco a poco su salud, su estado de ánimo y consecuentemente su paz interior, irán decayendo y de no arrepentirse y obedecer el mandato, su fe también naufragará, se hundirá en el mar de su rencor o amargura y dejará de ser.

El perdón es una forma de limpiar la conciencia; se puede estar haciendo un montón de cosas buenas: orar, leer buenos libros, etc. pero mientras no se perdona, no hay conciencia limpia. Deténgase, no mire las obras, no mire si es usado por Dios; las obras no son señal de aprobación ni de bendición de Dios, pues por lo general son por Su misericordia en beneficio de los que reciben el resultado, pero no en beneficio del instrumento a través del cual la obra se realiza.

Recuerde que lo que Dios demanda de nosotros es obediencia y el desarrollo de relación con Él, en cuanto a las obras claramente nos dice y demuestra en la Biblia que hasta a un burro pude usar para declarar Su mensaje; así que no evalúe su relación con Dios a la luz de su fe y sus obras sino que a la luz de su obediencia.

Como mencioné anteriormente, nuestra actitud ante la falta de perdón se debe a nuestra ignorancia de que Dios es bueno para con nosotros y justo en el juicio, permítaseme poner un ejemplo claro de las escrituras, pero primero hacer la aclaración de que hay dos palabras diferentes que describen dos clases de perdón. Pudiésemos decir el perdón moral y el perdón legal; y lo que Dios nos ordena es perdonar moralmente, precisamente porque el perdón legal no nos compete a nosotros.

Por ejemplo, a alguien le matan su hijo; Dios le ordena a ese padre perdonar al criminal. Inmediatamente comienza una serie de pensamientos que se levantan contra la clara dirección de la Biblia; pensamientos tales como: “es culpable, esa clase de gente no debería existir, etc. etc.” y para complicar más la situación, resulta que la mayoría de la gente, por lo general va apoyar ese sentimiento y los familiares y amigos dirán algo que tiene razón en sentir ira, enojo y en no querer perdonar a ese sinvergüenza.

Lo que pasa es que se están mezclando las cosas y se está asumiendo que extender el perdón “moral” es lo mismo que extender el perdón “legal”, pero no es así; repito que es nuestra responsabilidad perdonar “moralmente” a los que nos ofenden, pero por el otro lado, el perdón legal no nos compete a nosotros sino que a Dios y a la autoridad delegada que Él ha dado a las autoridades. En el caso de un asesinato, Dios dice que ese perdón legal no se puede dar, la justicia debe declararlo culpable y ejecutarlo, pues escrito esta: “el que derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre debe ser derramada”. (Génesis 9:6)

Entendamos que se nos ordena extender el perdón moral, NO PENSANDO EN LA OTRA PERSONA SINO EN NOSOTROS. Cuando se nos ofende y no perdonamos, se da lugar a que dentro de nosotros se produzcan, por así decirlo, células cancerosas que empiezan a comer nuestra vida, a secar nuestros huesos, y sin importar cuánto hagamos, nos vamos desgastando, como mencionamos antes.

Fue por eso que Jesús en la cruz; inocente, sin culpa ni pecado, donde todavía lo están injuriando, dice “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Regresemos al ejemplo del padre a quien mataron a su hijo y supongamos que él dice acerca del asesino, “ese merece la muerte” y lo matan; allí se acabo el criminal, ya no hay absolutamente más nada que hacer con él; PERO la falta de perdón en el padre, aunque ya no exista el criminal, lo va a seguir consumiendo hasta que lo mate.

Por lo tanto, cuando Dios nos ordena que perdonemos es porque sabe que la falta de perdón al único que daña, es al que no perdona. Pongamos ahora el ejemplo de otra manera. El padre, con el dolor de su corazón por la muerte de su hijo, reconoce el mandato de Dios y perdona dejando que la autoridad trate con el asesino; pero resulta que por aspectos de corrupción o por la influencia satánica del humanismo, la autoridad no cumple con su responsabilidad y deja en libertad al asesino. Como está escrito que Dios no puede ser burlado, eventualmente ese asesino cosechara lo que se merece, las autoridades corruptas también, pero la gracia de Dios guardará el corazón de ese padre obediente y le dará el consuelo y la paz que solo Dios puede dar.

Insisto, “Cada vez que Dios nos ordena hacer algo, hay una razón de beneficio para nosotros”.

Sé que al no encontrar en la Biblia esas definiciones que usé ayer, perdón moral y perdón legal, alguien puede preguntarse de donde salgo con eso; por lo tanto veamos unos textos, que de no entender estas dos clases de perdón, daría la impresión que se contradicen.

Comencemos con Números 14:18-23 “Jehová es lento para la ira y grande en misericordia. El perdona la iniquidad y la rebelión, PERO DE NINGUNA MANERA DARÁ POR INOCENTE AL CULPABLE. Castiga la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación. Perdona, pues, la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, como lo has perdonado desde Egipto hasta aquí. Entonces Jehová dijo: YO LO HE PERDONADO, conforme a tu palabra. SIN EMBARGO, vivo yo, y la gloria de Jehová llena toda la tierra, que de los que vieron mi gloria y las señales que hice en Egipto y en el desierto, y que me han puesto a prueba ya diez veces y no han escuchado mi voz, NINGUNO VERÁ LA TIERRA QUE PROMETÍ CON JURAMENTO A SUS PADRES. NINGUNO DE LOS QUE ME HAN MENOSPRECIADO LA VERÁ.”

¿En qué quedamos, los perdono o no? Sí los perdono moralmente, es decir lo que para nosotros es la responsabilidad de no guardar ningún rencor; pero no los perdono legalmente.

Por ejemplo, Resulta que me siento desilusionado porque las cosas en lugar de mejorar parecen ir de mal en peor; así que decido que morir es ganancia y me tiro de un puente; pero en el momento recapacito que no tengo derecho a quitarme la vida, que eso es tan pecado como matar a alguien más; entonces reconozco mi pecado y le pido perdón a Dios; conforme a la verdad bíblica, si confesamos nuestro pecado Él nos perdona, así que Dios me dice, te perdono. Todo esto pasa en cuestión de segundos, mientras estoy cayendo del puente al suelo; ¿Qué piensa que va a pasar ahora que Dios ya me perdonó? ¿Enviará algún ángel a recogerme en el aire, pondrá algún colchón espiritual para recibirme suavemente abajo? El no hará nada para evitar las consecuencias de mi pecado, el golpe no lo evito, pero si obtengo Su perdón. Me perdonó moralmente pero no legalmente.

Leamos ahora 2 Reyes 24:3-4 “Ciertamente esto vino contra Judá por mandato de Jehová, para quitarla de su presencia por los pecados de Manasés, por todo lo que él había hecho, así como por la sangre inocente que había derramado; pues había llenado Jerusalén de sangre inocente. Por eso JEHOVAH NO ESTUVO DISPUESTO a perdonar.”

Dios siempre está dispuesto a perdonar al penitente, al que pide perdón, pero su justicia requiere que castigue la falta. Lo que se siembra se cosecha.

Esa ignorancia de las dos clases de perdón es la que confunde a algunos. POR EJEMPLO. Personas que antes de venir a Cristo vivieron en vicios y pecados, si se mueren van a ir a la presencia de Dios,; pero si sufrieron algunos daños en sus órganos, el hígado por causa de mucho licor, drogas etc. eso no va a cambiar. Puede haber excepciones pero esa no es la regla.

Algunos piensan que si Dios los perdona debe de sanarlos también, pero una cosa es el perdón moral y otra el perdón legal.

Vuelvo a repetir lo que mencioné antes “Cada vez que Dios nos ordena hacer algo hay una razón de beneficio para nosotros”. Esto podría plantear la pregunta ¿Si es de beneficio para nosotros, por qué tiene que ser una orden? Pareciera más lógico que si algo es para nuestro bien no necesitemos que nos ordenen que lo hagamos, por el contrario, lo que debiera de suceder es que se nos pusieran normas, parámetros y formas de hacer aquello para que no nos desboquemos tratando de hacerlo.

El punto es que por lo general, las cosas que son buenas para nosotros, son contrarias a nuestras inclinaciones “naturales”. Es decir, lo que apela a nuestra naturaleza heredada de Adán sigue siendo contrario al diseño original de Dios. Supongo que usted puede pensar en varios ejemplos al respecto, tales como ¿Cuál es nuestra forma natural de actuar si alguien nos pega en una mejilla? ¿Cuál es nuestra forma natural de responder a alguien que nos habla airadamente? Etc.

Si nos defendemos iniciamos una pelea en la que ya sea que golpeemos más a la persona que nos pegó, o que nos dé una mayor paliza, de todos modos saldremos perdiendo mucho más que la vergüenza momentánea de recibir el golpe inicial. Y si le gritamos más fuerte a la persona que primero nos gritó, termina siendo el mismo final. Claro, nuestro ego, nuestro orgullo dirá que sea lo que sea el resultado, les dejamos saber que “con nosotros no se juega” y para nada nos mencionará la pérdida de dignidad, la evidencia de falta de dominio propio, y quizá lo peor, la pérdida de autoridad moral, respeto y testimonio ante nuestros seres queridos y amigos verdaderos. Los que nos aplaudan por tales acciones serán solo los que estén tan lejos de la verdad como nosotros y se cumplirá la advertencia de un ciego guiando a otro al abismo.

Con el tema de la falta de perdón las consecuencias son mucho más grandes que los daños físicos y precisamente por no ser tan evidentes cuesta más encontrarles la solución, lo que eventualmente destruye la vida, no la existencia necesariamente, pero sí la vida de las personas que no aprenden a lidiar con ella.

Por lo tanto enfoquémonos en el bien que Dios desea para nosotros cuando nos ordena perdonar; básicamente es para que saquemos de nuestro corazón la ira, el deseo de venganza, el ver cómo nos ponemos a cuentas, que son las cosas que el enemigo excita y engrandece en nuestras emociones para llevarnos cautivos al terreno de la desobediencia, y una vez allí, él ya no tiene que hacer nada sino simplemente sentarse a ver como la verdad de la palabra de Dios se cumple y lo que se sembró (desobediencia) se cosecha (castigo).

Permítame recordarle lo que en otras ocasiones he mencionado: “Lea la Biblia en español”. ¿Qué quiero decir con eso? Sencillamente que respete las reglas y normas de la gramática, que no lea en “cristianes”, es decir mistificando las cosas para robarlas de su mensaje claro. Note lo que Jesús nos enseña con relación a la falta de perdón en Mateo 6:12,14-15 “Perdónanos nuestras deudas, COMO (De la misma forma. Si yo perdono del diente al labio…, si perdono pero lo saco en cara.., etc.) también nosotros perdonamos a nuestros deudores… PORQUE SI PERDONÁIS a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros. PERO SI NO PERDONÁIS a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”

Esas palabras no dan lugar a ninguna otra interpretación. Usted solo tiene dos opciones: “obedecer o desobedecer”. Si obedece usted perdonará “COMO” quiere que Dios lo perdone a usted, totalmente, no sacando en cara la falta cometida contra usted, no deseando que algo le pase a la persona ofensora, etc. Pero si no obedece, sin importar cuantas vueltas le dé al asunto, cuantas personas estén de acuerdo con usted y cuantos versículos saque de contexto para justificar su rebeldía, Dios no le perdona y usted sufrirá el castigo de los rebeldes.

Insisto, aunque cite mil veces Romanos 8:1 a medias y fuera de contexto “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” usted está abiertamente desobedeciendo un claro mandato del Señor y se coloca en la condición de rebelde; por lo tanto, las palabras de Jesús deben entenderse desde la perspectiva de que Dios es justo y que “…DE NINGUNA MANERA DARÁ POR INOCENTE AL CULPABLE…”, si no le creemos y no hacemos lo que nos pide, no le permitimos perdonarnos.

Piense en eso, recuerde que la primera vez que el enemigo apareció en escena fue precisamente con esa misma mentira de que Dios no quería decir lo que dijo “ciertamente moriréis”, el diablo “TRANQUILIZÓ” a Eva al “aclararle” lo que las palabras de Dios querían decir realmente: “no moriréis”. Usted conoce el resultado.

Pasemos ahora a considerar por qué es que siendo los ofendidos, los agraviados, parece que es a nosotros a los que más carga se nos pone; ¿No debería ser al revés?, ¿No debería ser que al ofensor, al agraviador se le pusiere mayor carga? Claro que sí y de hecho así es. Lo que pasa es que así como hay dos clases de perdón también hay dos clases de ofensa o agravio y al considerarlas a la luz de las Escrituras, resulta que el que no perdona, es culpable de mayor pecado, pues se hace mayor que Dios ya que con su actitud, su negarse a perdonar, dice: Tú dices que lo perdone pero yo decido que estás equivocado y que soy más justo que tu.

Quizás una de las reglas de nuestra casa ilustre esto. A nuestros hijos les enseñamos 7 reglas y una de ellas era “no vengarse”; Las consecuencias o castigo era para ambos, para el que iniciaba el problema y para el que respondía de la misma forma, solo que al iniciador del problema se le castigaba acorde a su ofensa y al que respondía, o sea que trataba de vengarse, se le castigaba el doble. ¿Verdad que suena injusto?, sonaría mejor decir que al que inició el conflicto se le da el doble, pero entonces no se aprendería esta lección tan grande del perdón.

Ésta es la explicación y enseñanza que dimos a nuestros hijos con esta regla. Al que lo ofenden, lo ofende un igual, su hermano, su compañero de clase, un ciudadano como él, un miembro de la iglesia como él, etc.; pero el que se venga ofende a un superior, su falta es más grande y consecuentemente también su castigo. ¿Cómo es eso de que ofende a un superior? ¿No acabo de decir que son iguales? Aparentemente sí; pero dese cuenta que el que se venga, comete un pecado mayor que el que le ofendió, pues usurpa la autoridad del padre, del maestro, de la autoridad delegada al Estado, de la autoridad delegada a los ministros, etc. De esta manera, el que no perdona está peleando con el único juez que puede dar el veredicto, consecuentemente su ofensa es mayor y así lo será su castigo.

Romanos 12:19 “Amados, no os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque está escrito: MÍA ES LA VENGANZA; YO PAGARÉ, DICE EL SEÑOR.” Es como que el Señor nos dijera: “Cuando ustedes se vengan están tomando algo que solo a mi pertenece, están dudando de mi justicia, de mi rectitud”.

De allí que la falta de perdón es rebeldía; uno de los más graves pecados de la Biblia.

Así, Cuando alguien no quiere perdonar, es igual a querer vengarse, a querer satisfacción o justicia antes de perdonar, pero esa justicia pertenece solo a Dios y quien rehúsa perdonar, se revela a la verdad de Dios, reta Su autoridad y se hace superior a Dios, de allí que su castigo termina siendo mayor que el de la persona que le ofendió.

Nuestra ignorancia de estos conceptos nos lleva a catalogar ciertos pecados como graves y a ponerle mayor peso a lo que la Biblia no lo hace. Por ejemplo, se considera el adulterio uno de los más graves pecados, y de hecho lo es, pero no se ocurre pensar que la falta de perdón al cónyuge infiel, es a los ojos de Dios un pecado mayor. Considérelo a la luz de lo explicado arriba.

Asumo que los elementos y ejemplos que he expresado hasta aquí no son fáciles de asimilar y por lo tanto tampoco de aceptar; es por eso que Jesús enseñó la parábola de los dos deudores, para que veamos cuan necesario es para nosotros que perdonemos a quienes nos ofenden y podamos darnos cuenta de la gravedad de no hacerlo.

Mateo 18:23-35 “Por esto, el reino de los cielos es semejante a un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y cuando él comenzó a hacer cuentas, le fue traído uno que le debía diez mil talentos. Puesto que él no podía pagar, su señor mandó venderlo a él, junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, y que se le pagara. Entonces el siervo cayó y se postró delante de él diciendo: “Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.” El señor de aquel siervo, movido a compasión, le soltó y le perdonó la deuda. Pero al salir, aquel siervo halló a uno de sus consiervos que le debía cien denarios, y asiéndose de él, le ahogaba diciendo: “Paga lo que debes.” Entonces su consiervo, cayendo, le rogaba diciendo: “¡Ten paciencia conmigo, y yo te pagaré.” Pero él no quiso, sino que fue y lo echo en la cárcel hasta que le pagara lo que le debía. Así que, cuando sus consiervos vieron lo que había sucedido, se entristecieron mucho; y fueron y declararon a su señor todo lo que había sucedido. Entonces su señor le llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, así como también yo tuve misericordia de ti?” Y su señor, enojado, LE ENTREGÓ A LOS VERDUGOS HASTA QUE LE PAGARA TODO LO QUE LE DEBÍA. Así también hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a su hermano.”

Podemos ver que el que se venga, o no perdona, está tomando algo que es de Dios y no saldrá de su tormento hasta que no le pague lo que le debe… OBEDIENCIA.

En este ejemplo, se nos presentan otros elementos que debemos considerar; uno de ellos es el aspecto legal de que un caso juzgado ya no se puede juzgar otra vez. Esto aclara por qué a pesar de que el siervo mal agradecido puso a su consiervo en la cárcel, el Rey ya no lo vende como originalmente había pensado hacer, ni lo mete a la cárcel, como éste hizo con su consiervo, pues eso sería juzgar el primer delito que ya había sido juzgado; pero este segundo delito, la falta de perdón, aún no había sido juzgado y ese no es perdonado, por lo tanto lo que vamos a ver ahora es el castigo a la falta de perdón.

Comencemos por llamar la atención a que al consiervo que metieron preso, su castigo lo limita físicamente, externamente, lo cual desde luego trae tremendas complicaciones, pero tome en cuenta el elemento de que no hay verdugos atormentándolo, mientras que al otro, aunque no se le meta preso, es entregado a los verdugos para que lo atormenten, hasta que muera o pague lo que debe.

Note la analogía; cuando se rehúsa perdonar al ofensor y se procede en su contra buscando satisfacción o venganza, aunque se consiga el veredicto en su contra y sea encarcelado, despedido, divorciado, etc. según sea la consecuencia de su falta; eso será semejante al deudor que está en la cárcel, tendrá consecuencias pero no estará siendo atormentado, solo limitado físicamente. Mientras que quien no perdonó, aunque aparentemente se salió con la suya, será entregado a los atormentadores. No estará necesariamente limitado físicamente, pero sí estará siendo atormentado.

Recuerde, al no perdonar, la deuda que se tiene es la de menospreciar la gracia y misericordia de Dios y la de usurpar Su autoridad; por lo tanto, si se perdona a los ofensores se cancela la deuda y se es libre de los verdugos.

La meditación anterior nos trae a ésta consideración, ¿Quiénes son los verdugos? Obviamente, puesto que no son literales, lo que debemos hacer es considerar su forma de atormentar; y si usted no ha perdonado o conoce a alguien que no perdona, se dará cuenta que los verdugos mas comunes son: AMARGURA Y CULPABILIDAD, y los efectos que causan en la vida de la persona son desastrosos.

AMARGURA: Hebreos 12:15. “Mirad bien que ninguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que ninguna raíz de amargura brote y cause estorbo, y que por ella muchos sean contaminados”

Gracia es el deseo que Dios produce en nosotros de querer y poder hacer lo correcto; y Su gracia es suficiente para poder cumplir lo que nos requiere, por eso está escrito: “bástate mi gracia”. La gracia de Dios es esa capacidad que Él da para soportar y vencer cualquier situación, resistir esa gracia da lugar a la amargura, la cual no solo roba la paz, gozo y salud de la persona, sino que afecta a todos los que tengan relación con ella. Peor si es cabeza del hogar.

Permítame enfatizar esa verdad. La única forma en que una persona pueda caer victima de la amargura y la culpabilidad, es rechazando la gracia de Dios. Por favor tome nota de las implicaciones que conlleva la falta de perdón. Primero, usurpa la autoridad de Dios, lo que lleva a la condición de ser atormentado; si aún así no se paga la deuda de obediencia y se rechaza el pecado de ser como Dios, eso es semejante a ignorar, menospreciar y rehusar la gracia de Dios, entonces la amargura empieza a estorbar su vida; pero eso no es todo, esa actitud la convierte en una portadora de amargura que contamina a muchos, comenzando por los más cercanos, la familia.

La Biblia dice que nos podemos “gozar” aún en medio de las tribulaciones, que el gozo del Señor es nuestra fortaleza; y Jesús dijo que nos habló para que “Su gozo” esté en nosotros; por lo tanto examínese a usted mismo, si no puede experimentar el gozo del Señor, analícese; hay falta de perdón en su vida.

Lo peor del caso es que la persona que no perdona, termina siendo culpable de infringir el mismo o mayor daño del que le infringieron, pero no a quien le ofendió, sino que a otras personas inocentes, a otras personas que en un tiempo fueron su mayor causa de gozo, a personas que realmente la tratan de ayudar y la quieren ver libre de la amargura, pero su rechazo a la gracia de Dios la ciega para no ver esa realidad.

Si el lector está recibiendo una vez más la multiforme gracia de Dios, si el Espíritu le está redarguyendo y señalando que está en esa condición, “no endurezca su corazón”, “no rechace la gracia de Dios” líbrese del engaño del enemigo y recuerde que es Dios el único juez justo y que al usted obedecerle, perdonar y descansar en Su justicia, usted será la primera persona beneficiada y en lugar de causar amargura a tantos, será inspiración y un mensaje de victoria.

Aparte del verdugo de la amargura, también afecta el de la CULPABILIDAD: Romanos 2:1. “Por lo tanto, no tienes excusa, oh hombre, no importa quién seas tú que juzgas; porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo, pues tú que juzgas haces lo mismo. Pero sabemos que el juicio de Dios es según verdad contra los que practican tales cosas.”

Por ejemplo, una persona puede no perdonar porque está juzgando a ese borracho, adultero, o lo que sea la falta que le provocó el dolor, o la ofensa que recibió; y como ella ni toma ni adultera, considera que ella no es culpable de lo mismo. El asunto está en que Dios no se refiere a la forma de cometer la falta sino que a la raíz que la causa. ¿Por qué se emborracha, adultera, o hace lo que hace, esa persona? se pueden dar muchas causas pero la raíz es el ego; esa persona sigue siendo señor de su vida; y aunque no la sabe manejar no está dispuesta a reconocer que hay alguien que la hizo a ella y que ese alguien si puede manejar su vida; la causa entonces es su egoísmo, querer ser el señor de su vida.

Y el que juzga al borracho, aunque no tome ni una gota, está juzgando porque el también es señor de su vida; y con sus hechos dice: a mí que me importa que Dios diga que no juzgue, YO DIGO QUE SI. Y es exactamente la misma raíz de pecado, ser señor y dios de su propia vida decidiendo por si mismo que sí y que no; consecuentemente, el que juzga, porqué está poniendo su ego por encima del “escrito está”, está cometiendo el mismo pecado del que se emborracha, por poner su ego por encima del “escrito está”.

Noten que ni el mismo Padre juzga, pues dice Juan 5:22 “Porque ni aun el Padre juzga a nadie, sino que todo juicio se lo ha confiado al Hijo” Quien se hace juez, es un anticristo, está en contra de la autoridad de Cristo

Pongamos un ejemplo más fuerte emocionalmente. una muchacha que sufrió incesto y tiene amargura o falta de perdón contra su padre; y compliquemos la condición añadiendo que todos los que saben del incidente le dicen que tiene razón de sentirse así como se siente. Pongamos que ya es una mujer, buena madre, buena esposa; y aunque todos le dicen que tiene razón y nadie le dice que es su culpa; se sigue sintiendo culpable de desear que un rayo parta a su padre. ¿Por qué?

Como dije anteriormente, quien no perdona comete un pecado u ofensa mayor que el que sufrió, de allí que sufrirá de culpabilidad y aunque razone que tiene razón, aunque le digan todos sus conocidos y psiquiatras que tiene razón, eso no removerá la culpa, pues son argumentos que convencen la mente y producen calma temporal, pero la culpa es una función del espíritu y solo la removerá un acto espiritual. ¿Cuál es ese acto? .

Concluimos anteriormente diciendo que la culpa es una función del espíritu y que por eso solo es removida por un acto espiritual. Si esperaba que le dijera “perdonar” como respuesta a la pregunta de ¿Cuál es ese acto? Solo tiene parte de razón, porque previo a dar ese paso es necesario hacer algo, lo cual resumiré en PONERSE DE ACUERDO CON DIOS.

Isaías 1:18-20 “Venid, pues, dice Jehová; y razonemos juntos: Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos. Aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si queréis y obedecéis, comeréis de lo mejor de la tierra. Pero si rehusáis y os rebeláis, seréis consumidos por la espada; porque la boca de Jehová ha hablado.”

Razonemos juntos ¿Que fue lo que le hicieron? Y aquí usted puede traer a su mente el evento, la situación o circunstancia con que le hirieron y le dañaron, pero en realidad cuando le pregunto ¿Qué fue lo que le hicieron? Es con la intención de llegar a esta conclusión: Todo lo que le hicieron sea de efecto físico o emocional es algo temporal y Dios lo puede sanar; Dios puede sanar las heridas de su corazón, Dios puede sanar los abusos de su infancia, las injusticias, lo que sea; Dios lo puede sanar. PERO la falta de perdón es un pecado que no está limitado a lo físico temporal, sino que está ligado al espíritu que es eterno y es una condenación eterna, es un pecado contra el Padre de los espíritus.

Razonemos juntos. Por mucho que le hayan hecho, no es de compararse con el daño mucho más grande que usted mismo se hace al decidir luchar contra Dios y no perdonar.

Por eso dice “Ven a Mí, si quieres…” es un acto de la voluntad no de los sentimientos. Es imposible que una hija abusada pueda SENTIR un trato agradable para quien le abuso; Dios no está pidiendo nuestro sentimiento sino nuestra voluntad.

Dios no está pidiendo que lleguemos ya con una buena actitud a Él, pero sí con una disposición correcta de obedecerle. Por ejemplo, continuando con la ilustración de una víctima del incesto, esa persona podría llegar a Dios y decirle algo como: “Padre tu sabes cómo me siento, de lo peor; pero quiero creerte, quiero creer que tu eres el juez justo, que eres el único que conoce la verdad y quiero obedecer tu palabra”

Eso es ponerse de acuerdo con Dios y es ponerse en una condición de experimentar la gracia de Dios para perdonar y ser librado de los verdugos.

Quiero concluir este tema del perdón aludiendo a lo dicho al principio; puesto que hay dos clases de perdón y el que el Señor nos pide es el único que podemos dar, el perdón moral, dejando el aspecto legal en Él y en quienes Él delegue autoridad para ello, es necesario aunar ese entendimiento con lo que concluimos en la parte emocional del perdón.

Quizá si lo expreso en dos aspectos o fases me pueda dar a entender mejor. Así como hay perdón moral y perdón legal, está el aspecto de obediencia y emoción y lo que Dios nos pide es obediencia, no emoción. Consideremos cómo se sentía Jesús en la cruz. En el aspecto del dolor físico tenía la espalda partida, una corona de espinas en su cabeza, clavos en su manos y pies; el Salmo 22 y Jeremías lo describen de esa manera. En el aspecto emocional había sido traicionado por uno de los suyos, abandonado por la mayoría de sus amigos, ni siquiera se menciona que sus hermanos lo acompañaran en ese momento. En el aspecto de justicia y derecho había sido privado de todo, víctima de testigos falsos, de jueces corruptos y mentirosos que le acusaron falsamente y le condenaron. Por lo tanto, en Su humanidad su sentimiento, sus emociones, eran terrible; Aún así su voluntad seguía siendo la de obedecer al Padre, por lo cual aún allí dice: “Perdónalos..”.

Dios quiere que razonemos; cualquier ofensa que nos hayan hecho, por muy grave que sea, solo tiene consecuencias temporales, las cuales Él puede sanar si aceptamos Sus condiciones. Pero rehusar Su verdad es exponernos a consecuencias eternas, pues somos seres espirituales eternos. Rehusar Su verdad nos hace sufrir aquí y por la eternidad. Pero ponernos de acuerdo con Él nos da paz, libertad y fortaleza aquí, y la seguridad de reinar por la eternidad con Él, nos permite experimentar la libertad que citamos anteriormente en el Salmo 32.

No perdonar afecta solo a la persona que no perdona, le roba el sueño, la paz, el gozo, etc., mientras que el ofensor la pasa de lo mejor y Dios no interviene porque el que no perdona le dice con su actitud, “No te metas en esto, éste es mi problema”. En resumen es luchar contra Dios.

Lo triste del caso es que el que no perdona en un área, aunque en otras se esmere por hacer lo correcto, pareciera que cuando le pide a Dios ayuda en alguna de esas áreas, Dios no le responde. ¿Por qué no? Santiago nos aclara el problema cuando dice que el que guarda toda la ley y falla solo en obedecer un mandamiento es semejante a ser culpable de toda la ley.

Por eso Pablo nos exhorta en Efesios 4:32 “Más bien, sed bondadosos y misericordiosos los unos con los otros, perdonándoos unos a otros, COMO DIOS también os perdonó a vosotros en Cristo.” ¿COMO NOS PERDONO DIOS?, Aún antes de que nosotros le pidiéramos perdón, antes de que reconociésemos nuestra culpa y dejó el juicio o castigo en las manos de Jesús (Dios).

Así que si quien te ofendió y no te ha pedido perdón, ¡Que importa!. Perdónalo aun antes, como Dios te perdono a ti y experimenta Su paz, Su consuelo y Su bendición en tu vida.

Comencé contando que esto surgió cuando enseñé que muchas enfermedades y consecuentemente la falta de alcanzar la salud, son causa de la falta de perdón y quiero concluir con un testimonio muy cercano a mí.

Mi papá reconoció al Señor Jesús a los 77 años de vida; luego como a los 83 años se enfermó y estaba en una condición que no podía retener nada en su estomago. Yo lo abordé y le dije que quería hablarle, no como su hijo menor sino que como un ministro. En resumen, le hice ver su actitud para con mi mamá, en lo que yo tenía memoria, nunca lo oí darle las gracias por las diferentes veces que él estaba muy mal por haber bebido en exceso y mi mamá siempre estuvo a la par velando por él hasta curarlo; le mencioné que sabía del daño que sus parientes le habían causado desde su infancia y que por eso Él les guardaba rencor, le dije que por esa falta de perdón él no pasaba a la presencia de Dios aunque ya estaba listo para hacerlo y cuando él lo entendió, lo guié en oración. Cuando salí de su lecho de enfermo, pidió que llamara a mi mamá, escuche como se pidieron perdón y los dos viejitos lloraron reconciliándose. En mi mente pensé ahora ya puede descansar y pasar a la presencia de Dios, pero Dios tenía otros planes. Al día siguiente amaneció bastante mejor y en pocos días estaba bien; dos o tres meses después, en un velorio por la muerte de una tía, se encontró con los familiares a los que resentía y pudo expresarles su perdón; así vivió otros años más pero libre y con la bendición de Dios.

¿Qué acerca de su caso? ¿Hay falta de perdón por alguna o varias circunstancias en su vida? Deje de justificarse, pues aunque tuviera 100% la razón, el mandato claro de Dios es que perdone o de lo contrario no será perdonado. Pero si aprende la lección de perdonar y dejar el resultado en las manos del único Juez Justo, será libre de los atormentadores.

 

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