Oficina: 661 Chrislea Rd. Unit 8, Vaughan ON. L4L 0C4, Canada | Tel: 416-738-0736

LA SALVACION

 

I. NECESIDAD DE SALVACION DEL HOMBRE

  1. SEPARADO DE DIOS: Al pecar Adán y Eva fueron expulsados, en su condición de rebelión y desobediencia, de la santa presencia de Dios, la relación con El se rompió. Por sus propios esfuerzos y habilidades no pudieron cambiar esta condición o su propia naturaleza de rebeldía, la cual obtuvieron por el inicuo ejercicio de su libre voluntad. Todos los que descienden de Adán y Eva-la raza humana- comparten la misma naturaleza.

 Referencias: Jeremías 17:9; Romanos 3:23; Génesis 3; Salmo 14:1-3; Isaías 1:5-6; Romanos 3:9-19; 5:12-21; Efesios 2:1-5.

  1. ¿QUÉ ES EL PECADO?: Las definiciones en Hebreo y griego de la palabra pecado incluyen: fracaso, transgresión, perversión, disposición al mal, impiedad, fallar el blanco, iniquidad, desprecio y violación de la ley, depravación, lujuria. El pecado es la condición del hombre separado de Dios. Los pecados son el resultado o fruto de su naturaleza pecadora. Algunos de los pecados que la Biblia menciona son: inmoralidad, impureza, lascivia, idolatría, hechicería, enemistades, rivalidad, celos, explosiones de ira, pleitos, disensiones, envidias, borracheras, huelgas, codicia, malicia, asesinato, engaño, chisme, calumnia, orgullo, desobediencia a los padres, etc. El pecado trae con él enfermedad y por último la muerte, tanto física como espiritual. 

Referencias: Romanos 1:20-32; 6:23; Gálatas 5:19-21; Efesios 5:3-6; Colosenses 3:5-6; 2 Timoteo 3:2-5; Apocalipsis 21:8; Santiago 1:14-15.

  1. ATRAIDOS POR EL PADRE: El hombre no puede liberarse a sí mismo de su condición pecadora –debe ser salvado. Pero él ni siquiera tiene la sabiduría de acercarse a Dios para recibir perdón. Sin la misericordia y la ayuda de Dios la única esperanza del hombre es la de pasar la eternidad alejado de El. Pero Dios, en Su amor el hombre puede ser salvado de los últimos efectos del pecado.

Referencias: Juan 6:44-65; Efesios 2:8-9; Romanos 4:16.

II. EL AMOR DE DIOS POR EL HOMBRE

  1. DIOS ENVIO A SU HIJO: Aquello que el hombre siembra, eso cosechará. A consecuencia de esta ley el hombre está condenado a las últimas consecuencias de su naturaleza pecadora –la eterna separación de Dios. Pero Dios intervino con una ley aún mayor – amor. En lugar de la destrucción del género humano, Dios decide salvarlo enviando a Su Hijo al mundo para que lleve por el hombre el castigo del pecado.

Referencias: Romanos 6:23; Juan 3:16; Isaías 53; Juan 1:29; Romanos 3:25 y 5:8.

  1. CRISTO: EL PERFECTO SACRIFICIO: La justicia tenía que reemplazar la condición culpable del hombre a fin de poderlo liberar del pecado y sus últimos efectos. Jesucristo voluntariamente abrazó la culpa humana, ofreciendo al hombre su propia justicia. Cristo fue el sacrificio perfecto porque fue concebido por el Espíritu Santo naciendo de una virgen, vivió una vida sin pecado, cumplió los requerimientos de la ley, manifestó el milagroso poder de Dios, resucitó de los muertos, y – lo más importante- era Dios en forma humana.

Referencias: 1 Pedro 2:22; Juan 1:1; Juan 1:14; Isaías 53:4-5; 1 Pedro 1:19; Hebreos 9:13-14; Lucas 1:34-35; Hebreos 4:15; 1 Timoteo 3:16.

  1. REDENCION DE LA SANGRE: En el pacto de Dios con el pueblo hebreo, El estableció un sistema de sacrificios de sangre por medio del cual la gente podía hacer expiación por sus pecados. Por ser la paga del pecado la muerte todo pecador tenía que, en alguna manera, pagar por su pecado, él podía, él podía, por fe en Dios, transferir sus pecados al sacrificio de un animal, esto es derramando sangre inocente para pagar la deuda. Pero los sacrificios animales no agradaban a Dios ni limpiaban la conciencia del pecador. Dios quería obediencia, fe, y un corazón limpio. Jesucristo, quien fue el perfecto sacrificio por los pecados del hombre, derramó s sangre para limpiar la conciencia del hombre. Aquellos que por fe en Jesucristo reciben perdón por sus pecados son aceptables delante de Dios. La Cena de Señor es un importante sacramento cristiano que celebra el nuevo pacto de Dios, un pacto sellado con sangre.

Referencias: Efesios 1:7; Hebreos 10:12; Levíticos 17:11; Levíticos 16; Salmo 51; Hebreos 9:10; 1 Corintios 10:23-26; Colosenses 1:14; 2 Pedro 1:19; 1 Juan 2:1-2.

  1. LA GRAN PROMESA DE DIOS: El amor de Dios es tan grande que no sólo dio Su propia vida para redimir al hombre del pecado, sino que promete para quienes le obedecen y creen en Jesús el don del Espíritu Santo. El bautiza a Sus hijos en el Espíritu Santo, y por medio de El vive en sus corazones. El Espíritu Santo morando en el creyente es el sello del pacto de Dios, el pago inicial de una gloriosa herencia reservada en los cielos.

Referencias: Juan 7:38-39; Efesios 1.13b-14; Juan 14:15-18 y 14:26; Juan 15:26; Juan 16:7-15; Juan 16:20-22; Hechos 1:4-5 y 1:8; Efesios 4:30

III. RESPUESTA DEL HOMBRE

  1. ARREPENTIMIENTO: Debe ser la condición del corazón del hombre antes de poder recibir el don de Dios de la salvación. El arrepentimiento es más que sentir tristeza por haber estado errado. Significa apartarse del pecado; reconocer su incapacidad para poder vivir rectamente; comprender la necesidad desesperada que se tiene de Dios.

Referencias: 2 Pedro 3:9; Hechos 2:38; 3:19; 8:22; 17:30; 20:21; 26:20; 2 Corintios 7:10.

  1. CREER: Cuando el Nuevo Testamento dice: “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” la palabra griega original para creer es pisteu que significa: tener fe, depender de, confiar, adherirse a, unirse a. Creer en Jesús es esencial para recibir el don de Dios de la salvación. Creer en cualquier otra persona no salvará al hombre. Pero este creer va mucho más lejos de un simple asentimiento mental. Es rendir la vida de uno a lo que se cree. El verdadero creer en Jesucristo debe ir acompañado de confesarlo a él como Señor, y su resultado será una vida transformada.

Referencias: Romanos 10:9-11; Hechos 8:37; 10:43; 11:17 y 21; 13:12; 14:1; 16:1; 16:30-34; 17:4; Romanos 1:16; Efesios 1:13.

  1. SALVOS POR FE: Nosotros somos salvos de la atadura y los últimos efectos del pecado por fe en el amor, misericordia y gracia de Dios a través del Señor Jesucristo –y no por obras. La salvación es el don de Dios para el hombre pecador.

Referencias: Romanos 5:18; Tito 3:5; Romanos 5:8; 6:23; Gálatas 3:1-3; Efesios 2:8-9.

  1. BAUTISMO EN AGUA: El bautismo en agua, en obediencia al mandamiento del Señor, es una parte importante de la respuesta del hombre al don de Dios de la salvación. El bautismo es un acto de fe y obediencia en el cual se comparte la muerte, entierro y resurrección de Cristo, los pecados son limpiados y la vida anterior sepultada con Cristo. El bautismo es la respuesta de una conciencia limpia hacia Dios.   El paso de creer en Jesús como Señor y Salvador debe ir seguido del bautismo en agua.

Referencia: Romanos 6:3-4; Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 2:38; 8:12; 8:36-38; 9:18; 10:47-48; 22:16; 1 Pedro 3:21.

  1. EL DON DEL ESPIRITU SANTO: A través del arrepentimiento del pecado y fe en Cristo el hombre recibe el don de la vida eterna. Otro don de Dios, esencial para que un creyente llegue a la completa madurez como hijo de Dios, es el bautismo en el Espíritu Santo. A pesar de que el bautismo en el Espíritu puede suceder en el momento en que una persona se arrepiente y recibe a Cristo, éste no es siempre el caso. Frecuentemente aquellos que reciben a Jesucristo como Señor y Salvador deben luego pedir a Dios el bautismo en el Espíritu. Dios siempre da el Espíritu Santo a quienes se lo piden en fe. Viviendo dentro del creyente el Espíritu Santo lo capacita para cambiar el carácter, le enseña la verdad, y manifiesta los dones y el poder de Dios.

Referencias: Hechos 2:38-39; Efesios 1:13-14; Lucas 23:49; Hechos 9:17; 10:44-48; 11:16-17; 19:1-6.

  1. DONES DEL ESPIRITU: Cuando un creyente es bautizado en el Espíritu Santo es revestido con el poder de Dios. Como resultado, el Espíritu puede manifestar a través de él lo que comúnmente se llama los dones del Espíritu. Estos dones trabajan a través del creyente por el Espíritu Santo, para el propósito de edificar y animar – a la iglesia, confirmando la palabra de Dios, y glorificando a Dios.

Referencias: 1 Corintios 7-11.

IV. OCUPATE DE TU SALVACION

  1. COMPROMISO A DIOS: Nuestras vidas han sido compradas a un gran precio, la sangre de Jesús. Al recibir el don de la salvación le transferimos a Dios el control de nuestra vida. Comprometerse a Dios es una decisión consciente e inteligente, por medio de la cual nos rendimos a El y buscamos vivir una vida que le agrade. Muchas veces a lo largo de nuestro caminar con Dios debemos reafirmar y exponer de nuevo este compromiso.

Referencias: 1 Corintios 6:19-20; Mateo 10:38; 16:24-26; Romanos 6:12-13; 12:1-2.

  1. OBEDIENCIA A DIOS: Una de las cosas más importantes que el cristiano puede hacer para aprender a obedecer a Dios es buscar conocerle y hacer Su voluntad en todas las cosas. Casi toda la voluntad de Dios concerniente a cómo hemos de vivir y actuar se halla revelada en Su Palabra. En los pocos asuntos en los que la Biblia no habla (con quien me debo casar etc.) la voluntad de Dios se nos revela al buscar una multitud de sabios consejeros, sometiéndonos a aquellos en autoridad, estando neutrales en nuestros deseos, orando, ejercitando la paciencia, y confiando en Dios. No se aconseja el uso de vellones, pedir señales, la búsqueda de profecías personales, ni otros métodos similares.

Referencias: Efesios 5:17; 1 Juan 2:17; Proverbios 11:14; 12:15; 15:22; 20:5; 20:18; 24:6; Hechos 13:17; Efesios 1:9; 1:11; 6:6; Colosenses 4:12; 1 Tesalonicenses 4:3; 1 Pedro 4:2.

  1. QUITARSE EL VIEJO HOMBRE – PONERSE EL NUEVO HOMBRE: El crecimiento en Cristo significa cambio, desprenderse de las viejas actitudes y hábitos y aprender nuevos basados en el amor de Dios. Al creyente se le considera totalmente responsable por sus actitudes y acciones. Si peca debe arrepentirse y pedir el perdón de Dios. El es responsable de cambiar su impío comportamiento. Los cambios vienen cuando buscamos alinearnos totalmente con la Palabra de Dios dependiendo para esto del Espíritu Santo.

Referencias: Efesios 4:22-24; Lucas 12:24-26; Filipenses 2:5-11; Gálatas 6:24; Mateo 5:6; Colosenses 3:5-10.