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DEBEMOS CAMBIAR

DEBEMOS CAMBIAR

Por. Carlos Velásquez

demencia: seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos”

  1. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Génesis 1:11”

El principio de “sembrar y cosechar” es uno de los más conocidos y experimentados. Es tan obvio como la ley de la gravedad. Sin embargo, es uno de los menos comprendidos.

Ejemplo. Nunca nadie cuestiona por qué se cayó alguien al tratar de saltar de un lado a otro; podrán mencionar varias causas, razones o excusas; no tomó suficiente impulso, resbaló antes de brincar, etc.; pero no cuestionan el hecho mismo de la caída, es obvio.

Por el otro lado, con la ley de la siembra y la cosecha sucede lo opuesto, casi todos cuestionan lo que cosechan; y también mencionan causas, razones o excusas, sólo que no para explicar lo obvio sino para refutarlo y tratar de negarlo.

El principio dice: Los tiempos, los lugares, las circunstancias, y todas las demás cosas no me cambian, estarás cosechando lo que siembres. La demencia dice: Es cierto que aunque ves el resultado en otros casos, otras personas, otras familias y empresas, piensa que en tu caso será diferente, aunque actúes como los demás.

Señor, veo en tu palabra, en las noticias diarias y de tantas otras formas, esa tendencia irracional de querer argumentar contra la verdad de la siembra y la cosecha. De hecho, al ser honesto conmigo mismo, pues a Ti no te puedo engañar, reconozco que he caído en esa condición también. Los resultados que no me satisfacen sino que por el contrario, me confrontan, he tratado de justificarlos de tantas formas pero que en última instancia son un rechazo de esta verdad. Perdona mi necedad y extiéndeme gracia para corregir lo que pueda corregir, restaurar lo que deba restaurar, pero por sobre todo, para dejar de seguir pensando y actuando como hasta aquí lo he hecho, porque sólo así sé que las cosas cambiarán.

  1. “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche. Génesis 8:22”

La tendencia a perpetuar costumbres, tradiciones y sistemas a pesar de que los frutos o resultados conseguidos no son los deseados, es una triste realidad que declara lo verás del enunciado de demencia. Es obvio que hay cosas que nunca cambian porque son principios o leyes fundamentales. Éstas sirven precisamente para que podamos hacer cambios o para diseñar la forma de sacar un mejor beneficio de ello; pero la consistencia es en esencia, en naturaleza, no en forma.

Querer bajar de peso pero no disciplinarse en la forma de comer, querer que la empresa mejore pero uno no dar más de sí, querer que la corrupción disminuya pero seguir violando “pequeños” detalles, querer que la economía mejore pero seguir gastando más de lo que ingresa, etc. son pocos de los síntomas de demencia. Consecuentemente, lo primero que debemos hacer es parar, mirar retrospectivamente y reconocer qué sí y qué no está produciendo cambio, desarrollo y prosperidad; luego dejar de hacer lo que no contribuye y buscar hacer lo que sí.

Señor, tu palabra declara que Tú envías tu sol y tu lluvia a todos por igual, por lo tanto los mismos recursos están disponibles para todos; lo que hace la diferencia es lo que unos y otros hacen o dejan de hacer. Una y otra vez señalas que nuestro comportamiento es el resultado de nuestros patrones de conducta y estos de nuestra forma de pensar, por lo que si no cambiamos y empezamos a pensar de otra forma, no cambiarán nuestras conductas ni nuestros comportamientos.

Sin embargo, esa certeza de que Tú no cambias ni tu palabra, es lo que nos permite tener una plomada para evaluar cuan recto o torcido es la clase de vida, de familia, de empresa, de nación, que estamos construyendo. “

  1. Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, Así la maldición nunca vendrá sin causa. Proverbios 26:2”

El diccionario dice de la tradición: Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación. Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos. Así como cosas buenas se pueden preservar de esta manera, tristemente también se puede prolongar la limitación, los temores y en cierto sentido, la esclavitud al conformismo.

¿Cómo saber que tradición es buena y cual es mala? Bueno, Jesús nos da un ejemplo al decir a la gente de sus días que su tradición era mala porque, no sólo competía sino que se consideraba superior, a la palabra de Dios. Por lo tanto, cuando aquello a lo que nos aferramos nos limita de crecer, de expandir nuestro conocimiento, influencia y desarrollo; cuando su principal meta es sobrevivir en lugar de trascender, es demencia seguir aferrado a ello y esperar que nuestros hijos o siguientes generaciones, tengan un futuro mejor.

Señor, Se que conscientemente anhelo mejorar en todo aspecto, físico, material, emocional, espiritual, familiar, económico; que quiero dejar para mis seres queridos un mejor mañana. Sin embargo, el considerar la necesidad de un cambio, de soltar lo seguro y arriesgarme a experimentar algo nuevo y diferente es una batalla que conlleva pensamientos desde temor al fracaso hasta culpabilidad por querer dejar aquello que por tanto tiempo he abrazado. Lo más curioso del caso, es que ni recuerdo por qué lo creo, cómo llegué a estas posturas, actitudes y sentido de valores. Obviamente, mucho es tradición. Por lo tanto, ayúdame a lidiar con mis pensamientos, enséñame la forma de confrontarme a mí mismo con mis creencias y dame la gracia y la fuerza para cambiar, para librarme de esta demencia.

  1. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Gálatas 6:7

Se dice que el ser humano es un “animal de costumbres o hábitos”. Obviando lo de animal, tenemos que admitir que sí actuamos por costumbres o hábitos; eso no es gran cosa de aceptar y tampoco cambia lo que somos. Pero el punto está en que así como somos criaturas de hábitos, podemos desarrollar los hábitos que queramos y si algo no está funcionado bien, si no estamos obteniendo los resultados deseados, podemos cambiar ese hábito por otro. Es allí donde entra el dilema. ¿Por qué no podemos cambiar fácilmente lo que no está funcionado? Si toma 21 días formar un hábito, por mucho que nos tome cambiarlo por otro, 42, 63 u 84 días, no es la gran cosa para invertir y corregir las cosas que no nos agraden   .A menos que, desde luego, uno de los hábitos ya formados sea el de ver toda intención de cambio como una amenaza, como un intento de rendirnos inoperantes o quitarnos lo que tenemos. Es a ese programa al que tenemos que afrontar antes que pueda suceder algo mejor; tenemos que afrontar la demencia por lo que es y buscar dentro de nosotros el poder inherente que el Creador nos ha dado para cambiar la siembra y así cambiar también la cosecha.

Señor, Puesto que eres justo y no haces acepción en el juicio, puedo entender por qué, a pesar de que nos amas y deseas sólo lo mejor para nosotros, tantas veces no lo recibimos. Me puedo dar cuenta que esa actitud a permanecer aferrado a mi rutina, mis pensamientos, mis temores y aún aspiraciones, pero sin dar los pasos pertinentes para el cambio, sólo garantizan que seguiré cosechando lo mismo aunque yo no quiera y aunque Tú no lo desees para mí. Gracias porque al menos ahora empiezo a ver más claramente que el poder está en mis manos, no, mejor dicho primero en mi mente, en mis palabras y luego en mis manos o actuar. Tú no puede ser burlado y yo no quiero seguir esta demencia así que me despojaré de lo viejo y me vestiré del nuevo hombre que en Ti soy.

  1. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Romanos 12:2”

Toda persona, familia, negocio o institución anhela, sueña o desea cambiar su situación para una mejor, sin embargo, ignorar que el cambio produce cierto temor, los detiene. En cierto punto, el temor es sano pues nos hace pensar bien las cosas y evita que nos lancemos desmedidamente a algo nuevo, pero cuando hace que se rehúse probar el cambio, todo cambio, resulta ser un temor paralizador.

El temor es exactamente lo opuesto de la fe, está cierto y convencido de que probar le resultará en gran daño. Esa es una causa de la demencia, anhela el cambio pero teme hacer algo al respecto. La solución para salir de esa condición comienza por lo tanto, en cambiar la forma de pensar en cuanto al resultado. En lugar de pensar en el mal que ocurrirá si cambia, debe enfocarse en el bien, en el adelanto, en el cumplimiento de sus sueños y anhelos. Luego dar un paso pequeño para saborear la victoria que romperá el engaño del temor y descubrirá no sólo la necesidad sino el beneficio del cambio.

Señor, Veo a mi alrededor, en toda tu creación, que lo que tiene vida y está progresando, está cambiando. Le puedo llamar crecimiento, madurar, desarrollo, pero de toda forma implica cambio; por lo tanto deduzco que mientras esté vivo, mientras tenga familia, negocio, profesión o institución, debo de cambiar. Comprendo también que ese deseo de cambio viene de Ti, que es tu diseño, que es sano y normal. De lo que deduzco que al no actuar en pos de él, actúo contra naturaleza y esa es la causa de esta clase de demencia, sólo que tu palabra le llama doble ánimo.

Gracias por iluminar mi entendimiento y ahora fortaléceme para actuar en esa luz, para seguir anhelando el cambio y para no temer sus implicaciones sino que usarlas, precisamente, para desarrollar las capacidades necesarias, la creatividad y actitud consecuentes.

“demencia: seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos”

“Fe: Actuar en el cambio aunque las apariencias sigan lo mismo y anticipar resultados distintos”