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ARRIBANDO A MI DESTINO

ARRIBANDO A MI DESTINO

Por. Carlos Velásquez

 “Quien no tiene algo por qué morir, no tiene nada por que vivir”

 El propósito en la vida, es precisamente lo que le da razón a la vida; consecuentemente al no tener propósito no se tiene vida sino sólo existencia.

  1. Se dice que es mejor apuntar a la luna y fallar que apuntar al suelo y acertar. La grandeza de nuestra meta dirige la expectativa de nuestro esfuerzo.

“Porque para mi el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Filipenses 1:21”

En la vida, todo lo que vale la pena tiene un precio; no necesariamente monetario pero sí requerirá que entreguemos algo de nosotros. Por lo general será algo que valoremos, algo de lo que no queramos despojarnos, pues aquello que nos sobra o que no nos importa deshacernos de ello, no representa un precio que estamos pagando.

Por el otro lado, cuando lo que esperamos obtener a cambio adquiere un mayor valor para nosotros que lo que estamos entregando, entonces podemos decir que estamos encontrando razón a nuestro existir. Considere la situación en la que se encuentra actualmente, ¿Qué considera importante o de gran valor para usted? Puede ser en aspecto de relación, de profesión, económico, ideológico, etc. Ahora considere que amenazan su vida si no renuncia a ello, ¿Puede hacerlo? ¿Considera que aquello no vale la pena para que arriesgue su vida? ¿Es algo que puede recuperar después? Si es así, usted necesita reevaluar sus valores y su grado de entrega o convicción; necesita parar y preguntarse ¿Hay algo que yo valore más que mi propia vida?

Señor, Conforme la luz de tu palabra ha ido iluminando mi entendimiento, veo que soy parte de algo mucho más grande que yo mismo y eso no me hace sentir ni menos ni dispensable; por el contrario, me hace ver que mi valor sobre pasa mi existir, mi tiempo en la historia y mi valor ante Ti. No soy un número mas en una encuesta o en un listado de empadronamiento, soy una pieza clave en un propósito eterno y mi participación tiene implicación presente y futura.

Hay una convicción que gobierna sobre mis emociones, mis temores y aún mis anhelos, por lo cual dedico mi vida, mi potencial y lo que soy y tengo para ver que se cumpla. Y si en el proceso tengo que escoger renunciar a ello para seguir existiendo, o aferrarme a ello aunque me quiten la vida, ya entendí que si vivo, para Ti vivo y si muero, también es para Ti.

  1. Puesto que dos entes no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo, una tiene que ceder para que la otra persevere. De igual manera no podemos aferrarnos al pasado y querer disfrutar el presente al mismo tiempo.

“Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Mateo 16:25”

De hecho, cada día al que despertamos es evidencia de que otro murió, ¿había considerado eso? Imaginese lo que implicaría que se aferrase a las memorias, logros, relaciones y acciones de ayer; que rehusase comenzar el nuevo día, que el ayer tuviese más valor y significado que hoy.

Usted no tendría ni motivación, ni interés, ni nada para afrontar las actividades del día y todo lo que en él aconteciere para usted sería carga y gravoso. Sería de hecho una mera existencia que realmente no tendría razón de ser. Lo mismo es cuando su vida carece de un ideal, de una visión, de una meta, de una razón mayor que sencillamente cumplir su función, sacar la tarea, desarrollar el proyecto asignado y esperar el mañana para repetir la rutina.

Ahora bien, eso no es normal; usted es una persona con un llamado a trascender y todo lo que acontece en su vida son tan sólo los elementos de tiempo, espacio, relación y condición para retarlo a encontrarse consigo mismo; para retarlo a descubrir su verdadera misión en la vida. Al hacerlo, todo cobra sentido, cada elemento cuenta y a la vez ya nada es tan preciado que no se pueda sacrificar.

Señor, aunque teóricamente acepto que soy un ser eterno, que tienes un plan y propósito para mí que no tiene fin y que la muerte no puede parar, me cuesta dimensionarlo. Una cosa si he aprendido y es precisamente a no dejarme guiar por mis limitaciones de entendimiento; he aprendido, por así decirlo, a volar por instrumentos y no por vista, a confiar en que las indicaciones que has dejado en forma de principios, normas, valores y leyes son la garantía de arribar a mi destino.

Y si sucediese que aparentemente a mis ojos, en la ruta se encuentra un tropiezo imposibilitándome el continuar, he tomado la decisión que creer tus directrices es de más valor que creer a mis ojos y estoy dispuesto a dirigirme a mi aparente fin antes que renunciar a la ruta trazada. Me parece que ese es el ejemplo que me dejaste y que vale la pena seguirlo.

  1. La mejor forma de decidir como vivir el presente, es pensando en lo que queremos oír al final.

 “Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿De quién será? Lucas 12:20”

Recientemente me recordaba una plática que compartiera Lili, mi esposa, y en ella aludía a lo escrito en una lápida; sencillamente decía: “Su vida valió la pena vivirla” Me puse a considerar que ese es el tributo a alguien que tuvo algo por que morir y eso hizo que su vida valiese la pena. Eso también me recuerda la ilustración que usa Covey para planificar los valores y metas de una persona. Básicamente le dice: “Suponga que usted puede asistir a su propio velorio y escuchar lo que la gente dice, pasará su cónyuge, un hijo, un amigo, un compañero de trabajo, estudio o deporte, según sea el caso, también pasarán unas dos o tres personas a las que usted respeta o admira. ¿Qué quisiera que dijera cada una de ellas?

Obviamente, al decidir que es lo que se quiere oír eso da la pauta a cómo hay que vivir y desarrollar la relación en cada una de esas áreas para conseguir ese resultado. En otras palabras, al tener una meta, razón o causa por la cual morir, se encuentra la dirección, motivación y valor para vivir. .

Señor, esa es la mayor razón de mi caminar, no sólo por el hecho de escuchar palabras halagadoras al final de mi jornada, sino porque el anhelo de mi corazón ha sido el servirte y escuchar de Ti esas palabras de “buen siervo fiel” que traigan una sonrisa a tus labios. Sé que si consigo agradarte eso implicará que mi vida fue de servicio y valor para otros, para la sociedad, para la humanidad, pues ese es tu gozo.

Y siendo un ser eterno, creado a tu imagen, ¿Cuál sería la razón de vivir si lo que logre, alcance o contribuya llega a terminar juntamente con mis días? Gracias por abrir mis ojos a esa pequeña gran verdad; la calidad, valor y significado de mi vida no se encuentra ni en los logros que alcance ni en el tiempo que dure, sino que en la razón y valor de mi muerte.

Qué tremendo es este pensamiento y que poderosa su meditación, pues así, aquello que es tan temido por la gran mayoría, resulta ser un reto, una inspiración y una meta ya no temida sino anticipada.

  1. Lo que experimentamos en nuestra juventud, sin importar si lo consideramos bueno o malo, tiene la esencia de lo que lo que somos en el presente.

 “Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y con qué lo compararé? Lucas 13:18”

Recuerdo el celo con que desde joven me entregaba al deporte; aún conservo fresco en mi memoria aquel día en que perdimos el campeonato de la liga intermedia. Yo era el defensa central y enfrentábamos al equipo que en la primera ronda nos había ganado 5 a 0; ahora en el primer tiempo ganábamos por 1 a 0 y ya casi para terminarlo, los delanteros hicieron una buena jugada que me sacó de posición y ante mi impotencia de detenerlos, metí la mano. “Tiro penal” que fue bien aprovechado y fuimos al descanso 1 a 1.

Las palabras de aliento de los compañeros no me controlaban; entré al campo y corrí inagotablemente de un lado a otro, no dejaba pasar una sola pelota. El empate nos bastaba para ganar y llegamos a los minutos finales así. Mi celo y deseo de vindicar mi falta jugaron un papel importante en ello. En una jugada peleando una pelota de altura, el opositor me dio un codazo en la nariz y me la torció. Obviamente por la sangre, me quisieron sacar del juego, pero mi dolor físico no era mayor que el de mi alma, así que rehusé salir. Faltando 5 minutos, nuestro portero titubeó en una jugada sencilla y ese error nos costó el campeonato. Cuando el juego terminó caí llorando y me desmayé. Claro que recibí mucho aliento, muchas palabras de celebración, pero nada de eso tomaba el lugar de la derrota.

Viendo para atrás, debido a que tenía algo por que luchar, algo mas grande que una nariz fracturada, tuve algo por que jugar con más entrega y decisión. ¿Y a ti, qué te motiva?

Señor, Tú usaste parábolas para explicar verdades espirituales. Viendo para atrás me doy cuenta que esos principios, esas verdades son de las cosas que ya has escrito en nuestros corazones. Es seguro que cada uno de nosotros tiene esa motivación, ese valor y esa entereza; sólo que en algunos casos las circunstancias, la tradición, la religión o algún otro engaño la esconde de nuestra vista.

Oro que por tu gracia y bondad, soples en nuestro entendimiento y quites el aturdimiento, el. estupor que nubla nuestra visión y no nos deja despertar a ser esas personas decididas, capaces y diligentes que Tú nos formaste. Seguramente que al ver para atrás, cada uno de nosotros puede recordar ese celo, esa decisión y disposición a luchar, a tener algo por que no conformarnos y por lo que pudimos sacar fuerza de la debilidad.

  1. Por lo general el reconocimiento de algo bien hecho viene hasta tiempo después, cuando el autor del mismo hasta pudiese ya no estar.

“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.”

Cuando consideramos las frutas vemos que para que la semilla, portadora de la nueva vida, se manifieste, es necesario que la fruta se abra y se exponga. Luego, para que la semilla de fruto es necesario que primero caiga a tierra y muera. De igual manera, nosotros debemos pasar por el proceso de exponernos al sacar a luz nuestras convicciones y valores; después debemos estar dispuestos a permanecer con ellos aunque sean burlados y desechados, porque sólo así valdrán algo para que otros consideren tomarlos.

Considere los ideales, propuestas o causas que los hombres han seguido y notará que ninguna se forjó en quietud y a la sombra de la tranquilidad de hecho, casi todas fueron consideradas extremas, locuras o falsos idealismos mientras se presentaban y desarrollaban. Por lo tanto, no temamos exponernos a un ideal más grande que nosotros sin importar si es bien recibido o no, si es burlado o no; al fin y al cabo, los que pasan a la historia no son los censuradores y burladores sino los “locos”, los “idealistas” y los “soñadores”

Señor, Gracias por haberme dado la oportunidad de soñar y de experimentar ya, bastante diferencia al salirme del molde que la cultura, la sociedad, la tradición, la religión y las circunstancias me dictaban. Anhelo ahora que tantos otros como yo, descubran su llamado, descubran su potencial y se arriesguen a luchar por un mejor mañana. y cuando les digan que no es lógico o posible, que entiendan que precisamente esa es la clase de ideales a los que debemos lanzarnos pues los otros lógicos y posibles, son la misma monotonía esclavizante de los perdedores. .

Señor, ayúdanos a ser esos granos tuyos, que mueren a las limitaciones y expectaciones para dar fruto a los soñadores y visionarios que al igual que los patriarcas de antaño, anhelaban una ciudad mejor cuya estructura y construcción no podía limitarse a lo conocido entonces.

“Quien no tiene algo por qué morir, no tiene nada por que vivir”

Porque

“la muerte no es el fin de nada sino el inicio de nuestra eternidad,  donde sólo cuenta lo que trasciende a la vida”