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LOS HEREDEROS DE LA TIERRA

Muchos de nosotros sabemos lo que es ser el blanco de la crítica, el menosprecio, la calumnia y las acusaciones falsas. Experiencias amargas como estas despiertan en nosotros la indignación y el deseo de responder con un “golpe santo”.

Para muchos de nosotros es fácil reconocer ante Dios que hemos fallado y que somos pecadores; pero se nos hace difícil aceptar que otros digan eso de nosotros.

Jesús dijo que los mansos heredarán la tierra. Entre tanto, vemos que está sucediendo todo lo contrario: los mansos no consiguen nada y los poderosos, los engreídos y los ególatras lo obtienen todo.

Pero si queremos que nuestra herencia espiritual se haga una realidad, tenemos que poseer una cualidad: la mansedumbre. No debemos impacientarnos a causa de los malos y de los que rompen las reglas y salen airosos, ni tampoco tenerles envidia. Las ganancias de ellos son pasajeras, pero la herencia de los mansos es eterna (Salmo 37).

Como seguidores de Jesucristo, nuestro deseo debe ser hablar palabras de sabiduría, amar la rectitud y tener hambre y sed de justicia. Pero debe ser una justicia que no se limite a tener una relación personal con Dios, sino una justicia moral y social que muestre que estamos cumpliendo con la misión de ser la sal de la tierra y la luz del mundo.

No fuimos llamados a ser la miel del mundo; no fuimos llamados a endulzar todo y a estar de acuerdo con cualquier filosofía que surge; sino que fuimos llamados a ser diferentes, francos, valientes y directos.

Debemos vivir de tal manera que seamos dignos del Evangelio. Ser sal y luz demuestra que la Palabra de Dios permanece en nosotros, y la proclamación de esa Palabra detendrá la corrupción en nuestra sociedad y traerá libertad a las gentes.

Es hora de que tomemos una postura a favor de todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable y todo lo que es de buen nombre; y debemos hacerlo en nuestros hogares, en nuestras comunidades, en las instituciones de enseñanza, en los lugares de trabajo y en los medios de comunicación.

Tengamos siempre presente que somos soldados de Jesucristo y que nuestras armas para la batalla son poderosas en Él para la destrucción de fortalezas.

Todos hemos tenido fracasos en la vida, pero recuerde que gracias al poder y la gracia de Dios, usted puede rescatar el futuro… porque los mansos heredarán la tierra.

 

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